China aprueba una nueva ley laboral

11
Jul, 2007

Da más poder al sindicato oficial y más derechos a los trabajadores emigrantes empleados en la manufactura para la exportación

China ha aprobado una nueva ley laboral que expresa la voluntad de los altos dirigentes del país por mejorar las condiciones de trabajo de los asalariados, causa corriente de inestabilidad social. El sentido de la ley es claro y necesario, pero el gran problema va a ser su aplicación.
La nueva ley laboral china, proclama que todos los trabajadores tienen derecho a organizarse sindicalmente en su puesto de trabajo y da más capacidad de actuación a los sindicatos oficiales, cuyo papel, pese a estar supeditado al estado, es en general considerado más positivo que negativo por los expertos independientes.

En aquellas empresas donde la oficial Federación China de Sindicatos (FCHS) no esté presente, los trabajadores podrán elegir a sus representantes, «bajo la supervisión» de la FCHS. En la primera redacción del proyecto esa «supervisión» no figuraba, lo que dejaba la puerta abierta a cierta autonomía sindical en las empresas, que debe haber sido considerada peligrosa, por empresarios y funcionarios.

«La ausencia de un genuino derecho de asociación obliga a los trabajadores a adoptar formas ilegales y de confrontación que frecuentemente se convierten en violentas», señala un comunicado de la organización laborista de Hong Kong «China Labour Bulletin». «Si los trabajadores pudieran organizar sindicatos democráticos esas confrontaciones se dirimirían a través de la negociación y el compromiso», dice.

A diferencia de la legislación vietnamita, la nueva ley china no reconoce el derecho de huelga, aunque en la práctica las autoridades mantienen una actitud prudente y suave ante las protestas obreras y ante los
conflictos sociales en general.
La aprobación de esta ley tan manifiestamente necesaria que entrará en vigor en enero de 2008, ha necesitado 18 meses de debates, en el que algunas empresas multinacionales y organizaciones empresariales, de Estados Unidos y la Unión Europea, han tenido un papel bochornoso, presionando para descafeinar su contenido y amenazando con el fantasma de llevarse las inversiones a otros países, lo que ha provocado reacciones sindicales en Estados Unidos y Europa. En un comunicado divulgado la semana pasada, la Cámara de Comercio Europea se declaró «no preocupada» por los efectos que la ley tenga en las inversiones europeas en China.

FUENTE: LaVanguardia.es

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